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Mate al ajedrez, crónica de una vileza.

Análisis de la anormal conclusión del ajedrez en los VI Juegos Deportivos Estudiantiles Centroamericanos, organizados por el Comité del Istmo Centroamericano para el Deporte y la Recreación (CODICADER), realizados en la ciudad de San Salvador, El Salvador, del 1 al 5 de Septiembre de 2001.

Por Rafael Francisco Góchez

La mañana del martes 4 de septiembre de 2001 ha entrado malamente a la historia del ajedrez, gracias a la vileza compartida de cinco personajes que decidieron poner el capricho, la envidia y la cobardía por encima de la ilusión juvenil y la sana competencia.

Nos referimos al señor Mario Valverde, de Costa Rica; al A.I. Daniel Polo, de Guatemala; al señor Timoteo Betancourt, de Honduras; al señor Jorge Arozemena, de Panamá; y al señor delegado de Nicaragua, de quien desconocemos su nombre; todos ellos representantes de sus países para la competencia de ajedrez para los VI Juegos Deportivos CODICADER.

Fueron ellos los gestores de una acción antideportiva que sepultó varias aspiraciones legítimas de medallas doradas y, de paso, arrojó una palada de lodo contra los ganadores del certamen. Pero las víctimas no fueron, como quizá pretendieron, los jugadores de los equipos masculino y femenino de El Salvador. No. Los perjudicados directamente fueron sus propios jugadores y jugadoras, bien porque se les vedaron sus opciones de ganar medallas, bien porque se les enseñó -con triste ejemplo- a no aceptar, como caballeros y señoritas responsables, la derrota.

Los hechos

A las 9:00 de la mañana del día señalado estaba programada la última y decisiva ronda del torneo por equipos, tanto en la rama masculina como femenina, y comenzaron los juegos.

A esa misma hora, los delegados de los equipos solicitaban al árbitro principal, A.I. Víctor Murillo, que se pospusiera la ronda hasta que se tuviera la resolución definitiva del "caso Liévano" (que se explicará más adelante). El señor Murillo trasladó la petición a la máxima instancia, que es el Comité Organizador del CODICADER, organismo que denegó la solicitud, razón por la cual la ronda debía continuar tal como estaba programada.

Fue entonces cuando apareció el capricho: los delegados de Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, ordenaron a todos sus jugadores que abandonaran los tableros, dejando correr el reloj hasta perder por tiempo. Afortunadamente, el entrenador Barraza, de Panamá, tuvo el valor suficiente para defender la justicia, poniéndose del lado de sus jugadores, quienes reclamaron sus respectivos puntos. Los jóvenes jugadores de Costa Rica, aunque lo intentaron, no pudieron oponerse al berrinche que, a esa altura, había armado el señor Valverde, y también debieron retirarse.

En el transcurso de la mañana, el Comité Organizador del CODICADER confirmó la validez de la ronda originalmente programada y, por lo tanto, la pérdida de los puntos en disputa para los equipos que abandonaron. Con esos datos, se procedió a hacer el cómputo final de medallas y la premiación, a la cual sólo se presentaron Panamá y El Salvador.

El "caso Liévano": la supuesta "manzana de la discordia"

Aparentemente, el origen de toda la disputa se remonta a la partida que el sábado jugaron José Henríquez, de Honduras, contra Juan Liévano, de El Salvador.

En los últimos minutos del segundo control de tiempo (se acordó jugar a 2 horas para 40 minutos más 1 hora para definir, en vista de la inexperiencia de algunos países con el nuevo sistema de la FIDE), el jugador hondureño reclamó tablas sobre la base del artículo 10.2, literal "a", que dice: "si el árbitro está convencido de que el oponente no está haciendo esfuerzo por ganar el juego por vías normales, o que no es posible ganar por vías normales, entonces él declarará el juego tablas. De otra manera, él pospondrá su decisión".

El AI Víctor Murillo analizó y pospuso su decisión, añadiendo 2 minutos al reloj de Liévano. Henríquez hizo dos jugadas más y su tiempo expiró. La posición era la siguiente:

José Henríquez (Honduras) - Juan Liévano (El Salvador)

Juegan blancas

El AI Murillo dictaminó que Henríquez no demostró que Liévano no estaba haciendo esfuerzos por ganar y, en consecuencia, validó la victoria de Liévano por tiempo. Tanto el jugador como el entrenador de Honduras felicitaron a Liévano, aceptaron la derrota y se retiraron del local.

Al día siguiente, Honduras sorpresivamente protestó la decisión ante la Comisión Técnica, pese a que desde un principio se había acordado que cualquier reclamo debía hacerse dentro de los 30 minutos siguientes a la supuesta irregularidad. La Comisión Técnica votó a favor de Honduras y anuló la decisión del árbitro, declarando la partida tablas.

Cualquiera que conozca el reglamento de la FIDE sabe que la interpretación del artículo 10.2 es competencia exclusiva del árbitro y su fallo es inapelable. Incluso se consultó con árbitros de México, Venezuela y Cuba, quienes concedieron la razón al A.I. Murillo. Inconforme con el fallo, El Salvador acudió a la última instancia, que es el Comité Organizador, solicitando que se respetara la decisión del árbitro.

En espera de la resolución final, estos eran los enfrentamientos programados para la última ronda de la rama masculina:

El Salvador (12 puntos) vrs. Costa Rica (11.5 puntos)
Guatemala (8 puntos) vrs. Panamá (11 puntos)
Nicaragua (4 puntos) vrs. Honduras (1.5 puntos)

En cuanto al medallero individual, las opciones para el oro estaban así:

Primer tablero Ya definida: Ramsés Valdés, de Panamá (3.5 de 4, con el 88%).
Segundo tablero Con posibilidades:
Jacobo Cruz, de Guatemala (2.5 de 4, con opción al 70%)
Gilberto Madrid, de Panamá (2 de 3, con opción al 75%)
Juan Liévano, de El Salvador (3 de 4, con opción al 80%, aún perdiendo la apelación.
Tercer tablero Con posibilidades:
Miguel Jaén, de Panamá (3 de 4, con opción al 80%)
Carlos Alfaro, de Costa Rica (3 de 4, con opción al 80%).
Cuarto tablero Con posibilidades:
Jonathan Carvajal, de Costa Rica (3.5 de 4, con opción al 90%)
Jorge Ancheta, de El Salvador (3 de 3, con opción al 100%).
Tablero suplente Con posibilidades:
Erick Centeno, de Costa Rica (2 de 2, con el 100%)
Osmín Estrada, de El Salvador (2 de 2, con el 100% y opción al oro por más partidas jugadas, si lograba 3 de 3 puntos).

En tal situación fue que los delegados mencionados pidieron la posposición de la ronda, argumentando que, con ello, se evitarían "especulaciones" con respecto a los resultados, puesto que la distancia que separaba a El Salvador de Costa Rica y Panamá era, respectivamente, de 0.5 y 1.0 punto.

De especulaciones, manipulaciones y negociaciones.

Un mínimo análisis de la situación de los tableros salvadoreños segundo y cuarto, así como de su tablero suplente, bastan para establecer que El Salvador era el equipo menos interesado en "especular" con los resultados. Su misión era ganarle el "match" a Costa Rica al menos 2½-1½, para asegurar tres medallas individuales, y asegurar la medalla por equipos con un 3-1, en caso Panamá ganara 4-0.

Por el contrario, pareciera que los más interesados en "especular" con los resultados fueran precisamente los equipos que solicitaron la posposición. Sobre esto, hay un penoso antecedente, ocurrido en la V edición de estos juegos, el año pasado, cuando en la última ronda se dio el duelo Honduras-Guatemala, con la siguiente alineación y resultados:

HONDURAS GUATEMALA RESULTADO
Juan Díaz Marco Figueroa 0-1
Daniel Kafati Roberto Roquel 1-0
Juan Hernández Rafael Cabrera 1-0
Rodolfo Núñez Víctor Antillón ½-½

Con estos resultados, aseguraron medalla de oro Marco Figueroa y Víctor Antillón, de Guatemala; y Juan Hernández, de Honduras. Lo turbio del caso es el resultado del tablero 3, en donde el guatemalteco Rafael Cabrera recibió la orden de rendirse, pese a estar en posición ventajosa. Evidentemente, en aquella oportunidad se trató de una negociación en la que la que nada tuvo que ver la sana competencia.

El problema del calendario

En los dimes y diretes que surgieron luego de la infeliz conclusión del torneo, se mencionó que El Salvador había acomodado el calendario de juegos a su conveniencia.

En las pasadas ediciones, como suele hacerse en todo torneo "round-robin", se sortearon los números correspondientes a cada participante, y luego se hicieron los pareos conforme a las normas establecidas por la Federación Internacional de Ajedrez.

Sin embargo, en esta ocasión hemos de reconocer que el Comité Organizador del CODICADER cometió dos errores: el primero, leve: no efectuar sorteo, sino que tomar los mismos números del año anterior; el segundo, más cuestionable: cambiar el orden de las rondas, a fin de reservar el "match" El Salvador vrs. Costa Rica para la última ronda y con ello, como se hace en otros deportes, mantener la tensión y la emoción hasta el final.

Así, se cambiaba también el orden de los rivales a enfrentar por El Salvador: lo que hubiera sido Nicaragua-Honduras-Guatemala-Costa Rica-Panamá (como sucedió en 2000) se transformó en un Nicaragua-Honduras-Panamá-Guatemala-Costa Rica. Es decir, el orden de rondas 1-2-3-4-5 se cambió a 1-2-5-3-4. La asignación de colores se mantuvo conforme al "fixture" que dan las tablas de Berger, aceptadas internacionalmente.

Antes del inicio de la competencia, Guatemala y otros equipos observaron esta situación; sin embargo, se comenzó a jugar con el calendario dado por el Comité Organizador del CODICADER. Esto es razonable, ya que se trata de un torneo "round robin" en donde, de una u otra forma, hay que enfrentar a todos los rivales. De hecho, antes de su enfrentamiento particular, El Salvador y Costa Rica ya habían solventado todos sus compromisos contra los demás equipos.

Prueba clara de que todos estuvieron de acuerdo en jugar con este calendario es, precisamente, que todos los equipos se presentaron completos a jugar las rondas uno, dos, tres y cuatro, aceptando los resultados y sus respectivas posibilidades de medallas. No hubo, además, ningún reclamo formal al respecto.

Falta de responsabilidad es, en cambio, aceptar el calendario inicial y luego, al verse relegados en la tabla de posiciones, invocar la irregularidad que, en un principio, acordaron soslayar.

Los motivos y las sinrazones

Retirar a los jugadores de una competencia es una decisión extrema, acaso justificable cuando queda totalmente claro que el sistema, los árbitros y los demás elementos no garantizan la justeza de la competición y convierten en una farsa los eventos.

Pero ese no es el caso del ajedrez del VI CODICADER. Allí están, para demostrarlo, 96 partidas resueltas en buena lid. Tan sólo una de ellas estaba impugnada y en proceso de resolverse, fallo que finalmente favoreció al jugador hondureño. Allí están, para demostrarlo, 57 jugadores y jugadoras que, durante 4 días, pusieron lo mejor de sí mismos para representar con orgullo sus colores patrios.

Sin embargo, las mentes viles de los señores delegados a que nos hemos referido fueron incapaces de respetar este esfuerzo. Nos preguntamos cuáles pudieron ser los motivos y las sinrazones que los llevaron a tan burda conspiración.

En el caso de Costa Rica, no hallamos más explicación que el miedo absurdo del señor Mario Valverde de ver a sus jugadores superados en el tablero, menospreciando con ello la reconocida capacidad del ajedrez costarricense. Estamos seguros, porque así lo manifestaron, que los jóvenes ajedrecistas "ticos" estaban dispuestos a jugarse en el tablero sus medallas, y vimos en sus rostros la frustración al verse obligados a abandonar.

Sabemos, porque lo hemos visto en torneos anteriores, que Carla Vega y Besty Fallas son tan buenas como nuestras Lorena Zepeda y Vanessa Batres, y que merecían la revancha. Esperábamos grandes partidos de Wendy Ramírez y Verónica García al enfrentarse a Nayda Avalos y Ada Castaneda. Queríamos seguir las emociones de las partidas de Daniel Vargas, Charbel Zoghaib, Carlos Alfaro y Jonathan Carvajal ante nuestra representación, formada por Javier Segura, Juan Liévano, Jorge Ancheta y Osmín Estrada. Observamos alegres la camaradería con que estas sanas rivalidades se sobrellevaban fuera del tablero.

Pero, evidentemente, el señor Valverde, en mala hora nombrado delegado de Costa Rica, vio su mente nublada por un nacionalismo provinciano y jurásico, ordenando el retiro del masculino y aún más, forzando a Carolina Muñoz, jugadora internacional y entrenadora del equipo femenino, a quien hemos recibido cordialmente aquí en más de una ocasión, a impedir que las chicas continuaran sus partidas, hecho aún más absurdo.

En el caso de Guatemala, no nos queda sino suponer que el señor Polo y otros miembros de la delegación han fabricado una excusa para justificar su desempeño en la tabla de posiciones, debajo de lo esperado. No creemos justo engañar así ni a las autoridades ajedrecísticas ni a los jóvenes jugadores del vecino país, cuna del campeón centroamericano MI Carlos Juárez.

En el caso de Honduras y Nicaragua, que se enfrentaban entre sí y ocupaban el fondo de la tabla, entendemos que -en la estrechez mental de sus delegados- numéricamente les daba igual jugar o no jugar. Lo triste es que, al optar por esto último, sus delegados mostraron todo lo contrario a lo que significa el ajedrez: "gens una sumus", pues más allá de la victoria o la derrota está el respeto a las personas, especialmente cuando se trabaja con jóvenes. A sus jugadores, por cierto, les negaron la oportunidad de obtener su única victoria, y el delegado nicaragüense, por añadidura, olvidó que El Salvador tuvo la gentileza de esperar diez horas para jugar con ellos la primera ronda, puesto que al inicio del evento aún no se habían hecho presentes.

En conclusión, el comportamiento irracional de este grupo de delegados ha convertido lo que debió ser una fiesta deportiva estudiantil, en un ejemplo de la torpeza y la insania competitiva.

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