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El Salvador en la
"Contraolimpiada" Libia 1976

A 25 años de la hazaña

Por Rafael Francisco Góchez

Ver también: crónica de Hébert Pérez García

En 2001 se cumplen 25 años de la hazaña conseguida por la Selección Nacional de Ajedrez de El Salvador, al ganar medalla de oro por equipos en Trípoli, Libia, 1976. A un cuarto de siglo del mayor logro ajedrecístico establecido en nuestra historia, cabe hacer un par de consideraciones sobre aquel hecho memorable.

La primera reflexión es en torno a la naturaleza y fuerza del torneo mismo. La 22ª Olimpíada Mundial de la FIDE se realizó en Haifa, Israel, con la participación de 48 países, y fue ganada por Estados Unidos, Holanda e Inglaterra. Pero en el contexto histórico de la época, con el antiquísimo conflicto árabe-israelí de por medio y antecedentes tan graves como lo sucedido en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, el realizar un evento de tal magnitud precisamente en Israel no podía dejar de tener serias implicaciones político-diplomáticas.

La mayor potencia ajedrecística mundial, la antigua Unión Soviética, decidió no participar. El mundo árabe, por su parte, no sólo boicoteó la competición oficial de Haifa sino que, además, convocó a su propia Olimpiada "no oficial" en Tripoli, Libia (ciertamente, una "olimpiada contra Israel"), a la cual acudieron 37 países, entre ellos El Salvador, que se ubicó en primer lugar con 38½ puntos de 52 posibles (74% de rendimiento y percentil de 100%), seguido de Túnez, Paquistán, Irak, Italia, Portugal, Uruguay, Turquía y Afganistán. Dato interesante es que Filipinas fue el único país que envió un equipo a cada evento.

Allí fue donde se coronaron "los libios", nombre con que desde entonces se conoce a aquel notable grupo de ajedrecistas salvadoreños: Antonio Grimaldi, René Grimaldi, Salvador Infante, Roberto Camacho, Boris Pineda y Manuel Velásquez. La calidad por ellos mostrada ha sido tal que, desde entonces hasta la irrupción del MI Héctor Leyva (cubano de origen) en 1999, todos los campeonatos nacionales estuvieron en sus manos, con la sola excepción del de 1984, que ganó Eduardo Vásquez (medalla de oro como tablero suplente en la 28ª Olimpiada FIDE, Tesalónica, Grecia).

Es evidente que el nivel competitivo de la "contraolimpiada" de Libia fue inferior al de la Olimpiada de Haifa; sin embargo, también es cierto que para un país como El Salvador, entonces con absoluta carencia de una estructura de desarrollo del ajedrez, dicho torneo no representaba regalo alguno ni cosa por el estilo.

Una referencia importante es que, en la 27ª Olimpiada FIDE (Dubai, Emiratos Arabes, 1986, la primera con más de cien participantes), cuatro de los seis "libios" (R. Grimaldi, Pineda, Infante y M. Velásquez) más dos suplentes (Santamaría y O. Velásquez) lograron ubicarse en el lugar 50 (percentil de 54%), la mejor actuación de un equipo salvadoreño en olimpiadas FIDE, posición que -de alguna manera- corrobora la idea de que el triunfo en Libia equivaldría a una especie de "campeonato de segunda división", lo cual -para las condiciones en que se ha desarrollado nuestro deporte, insistimos- es y seguirá siendo un excelente galardón.

La segunda reflexión -secundaria, extradeportiva y hasta suspicaz, es cierto, pero también inevitable- se genera en torno a la decisión misma de participar en Trípoli y no en Haifa. La lógica posibilidad de lograr una mejor posición puede haber estado en la mente de la dirigencia deportiva; sin embargo, analizando las condiciones políticas de la época en nuestro país y el mundo, el asunto no es tan sencillo.

El evento de Libia fue planeado como una "contraolimpiada". En el contexto de la "guerra fría", dado que Estados Unidos y la mayor parte del mundo occidental asistió a Haifa, la decisión tenía implicaciones político-diplomáticas. Recuérdese que los regímenes militares latinoamericanos, en general, respondían a la "doctrina de la seguridad nacional" del país hegemónico del norte, no siendo la excepción la presidencia del Coronel Molina y su camarilla, cuyo lema era gobernar con "definición, decisión y firmeza". Todavía más: el auge de los grupos revolucionarios de masas y sus vanguardias armadas tenía bastante preocupados a varios gobiernos del área, incluyendo al nuestro. Aún desde antes de aquella época, había señalamientos de que terceros países apoyaban, en una u otra forma, dichas actividades, entre ellos el anfitrión del evento a que nos referimos.

Mientras tanto, el ajedrez nacional -como prácticamente todas las federaciones deportivas, ministerios públicos, instituciones autónomas y semiautónomas de la época- era dirigido por militares. En este caso, tratábase del Coronel Adolfo Arnoldo Majano, quien años después saltara a la luz pública como uno de los líderes de la "juventud militar" que derrocó al régimen del General Romero en 1979 y echó a andar -con el apadrinamiento de Jimmy Carter, desde arriba, y el concurso de varios intelectuales progresistas, desde los lados- la entonces ansiada reforma agraria y la nacionalización de la banca, dos de las banderas de lucha con que la izquierda había ido ganando espacio. Con todo y que tal golpe de estado fue una verdadera y muy calculada movida ajedrecística (sacrificar oportunamente una pieza para evitar el mate) que sirvió para confundir las cosas lo suficiente como para evitar un triunfo revolucionario, el Coronel Majano siempre fue considerado un militar pensante y progresista, adjetivos que, en aquel momento, volvían sobre quien los mereciera todas las peligrosas paranoias de la derecha.

A la luz de tales consideraciones, luce sumamente extraño que el gobierno militar de nuestro país en 1976 haya consentido enviar una delegación precisamente a Libia, que desde entonces ya estaba etiquetada como apoyo de sus antagonistas. Quedan así planteadas muchas inquietudes sobre el papel que jugó el Coronel Majano en la toma de tal decisión, de sus intenciones y la justificación esgrimida, y cuáles fueron las consecuencias que debió afrontar, que seguramente las hubo. Sobre ello, quizá los protagonistas quieran conversar. La invitación está hecha.


De parte del MF Boris Pineda hemos recibido correo en donde nos da algunos detalles importantes sobre este tema.

En primer lugar, nos aclara una ligera confusión temporal sobre el uruguayo Hébert Pérez García, quien en 1976 aún no era -como erróneamente habíamos publicado- el entrenador nacional; por el contrario, en ese evento jugó como 4º tablero en el equipo de Uruguay y -en palabras de Boris- "salvó la honra charrúa al entablar con el desaparecido maestro Antonio Grimaldi, y los vencimos 3½-½. Hébert vino a El Salvador en 1978".

En cuanto a las consideraciones políticas y diplomáticas a la hora de decidir sobre la asistencia al evento, Boris no lo ve tanta complicación, ya que Libia ofreció los pasajes aéreos. La alternativa, entonces, era: "o íbamos a Trípoli o no ibamos a ninguna parte, y nunca se había asistido a un evento por equipos más allá de Centroamérica y el Caribe. Faltando una semana, se dijo que Israel igualó la oferta, pero el Coronel Majano expresó que habíamos dado ya nuestra palabra, así que se mantuvo la decisión".

El MF Pineda nos platica además que, al partir hacia el evento, no existía la creencia de que sería una competición más fácil, por cuanto se suponía que la URSS, los países del bloque socialista y la misma Cuba, asistirían a Libia, pero a última hora decidieron no participar ni en Trípoli ni en Haifa. El equipo salvadoreño nunca partió como favorito. Fue "hasta la ronda 11 ó 12 que comenzamos a soñar". No obstante, de la ronda 3 en adelante jugaron en la mesa 1 (luego de comenzar 4-0 sobre Antillas Holandesas y 3½-½ sobre Marruecos), "pero cada ronda nos sentabámos a jugar bromeando: 'bueno, estuvo lindo ser líderes, pero hoy nos blanquean 4-0'. Cuando nos tocó Italia, Portugal, el mismo Uruguay, Turquía, Túnez y otros teóricamente mucho más fuertes que nosotros, pensábamos que nos ganarían, pero uno a uno los fuimos derrotando. Dos equipos nos vencieron 2½ a 1½, pero teníamos 2 ó 2½ puntos de ventaja y no nos afectó".


De parte de Hébert Pérez García, quien participara en aquel evento con el equipo uruguayo y luego fuera entrenador nacional, hemos recibido correo en donde nos aclara y amplía otros detalles del evento. Uno de ellos es que "la FIDE llegó a un acuerdo con las autoridades libias (antes de celebrarse el evento) para retirar todo el contenido político de ese certamen, aboliéndose también cualquier tipo de sanción de los eventuales participantes. De esa manera todos los países podían enviar sus representaciones libre y simultáneamente a los dos torneos"; es decir, a Haifa y a Trípoli. También coincide con el MF Pineda en cuanto a que "los paises que acudieron a Libia fueron atraidos por las buenas condiciones económicas que le dieron los libios a sus participantes".

Por otra parte, nos informa que su ciclo como entrenador de selecciones nacionales de El Salvador fue, efectivamente, de noviembre de 1977 a diciembre de 1978. Asimismo, nos ofrece un próximo envío con más memorias de este evento.


Agradecemos al MF Boris Pineda y a Hébert Pérez por sus comentarios y aclaraciones, y reiteramos la invitación para otros protagonistas que quieran seguir conversando.


Ver también: crónica de Hébert Pérez García

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