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El ajedrez en El Salvador durante las décadas de 1980 y 1990

Según el AI Víctor Murillo, la constitución de la Federación Salvadoreña de Ajedrez data de 1966, año que registra la afiliación a la FIDE. Sin embargo, el MF Salvador Infante reporta actividad federada desde 1946, ateniéndose a informes de su abuelo Héctor Infante, quien fue de los fundadores. Por otra parte, hay un reportaje local, sobre los orígenes del ajedrez nacional, basado en memorias de los protagonistas de aquella época.

En todo caso, en los años 60's y 70's el ajedrez en El Salvador aún no era el resultado de un trabajo organizado y estructurado, sino que dependía del surgimiento más o menos casual de algunos talentos espontáneos que, no obstante lo anterior, aún representan la máxima expresión de esta disciplina en nuestro país.

Durante los años 80, las viscisitudes del conflicto bélico en el ámbito ajedrecístico: desde que se sumergió El Salvador no dejaron de afectar al la ausencia de apoyo gubernamental o privado, hasta el éxodo de jóvenes virtuosos, bien puede hablarse de una "década perdida" para el juego-ciencia.

Es hasta mediados de los '90 cuando la Federación Salvadoreña de Ajedrez, presidida por el Dr. Pedro Osmín Barrera, asume como tarea la formación ajedrecística de jugadores con proyección internacional, trabajo apadrinado por el Instituto Nacional de los Deportes.

A la par de esta iniciativa, algunas instituciones educativas -como el Liceo Cristiano, la Universidad de El Salvador, el Liceo Francés y la Universidad "Francisco Gavidia"- comienzan a patrocinar pequeños cursos de enseñanza del ajedrez. Por esta misma época, el Ing. José Eduardo Monge comienza a desarrollar sus escuelas infantiles.

En 1998, el Externado "San José" -colegio capitalino dirigido por los padres jesuitas- da un importante paso al incorporar cursos de ajedrez dentro de su enseñanza diaria, con lo cual se incrementa el universo de nuevos niños y niñas practicantes; además, apoya decididamente la realización de cursos avanzados para quienes muestran mayor habilidad e interés. Claro fruto de este trabajo es el hecho que, para octubre del 2000, el 50% de los seleccionados juveniles -y el 60% de los elegibles- provenían de esta cantera.

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