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Orígenes del ajedrez en El Salvador

Reportaje del periodista Roberto Aguila
El Diario de Hoy, Lunes 28 de febrero de 2000

* Los datos y opiniones aquí expresados son responsabilidad del autor.

LOS INMORTALES PIONEROS

Aquel San Salvador de 1936 era una ciudad apacible, de puertas que se cerraban tras el ocaso para ponerle cadenas al silencio. La rutina de siglos no se alteraba por nada, ni cuando las calles se empolvaban la nariz en verano para lavársela en invierno.

A esa ciudad sin arrebatos llegó don Enzo Bianchi con su carga de canciones de Caruso y su predilección por el queso parmesano. Era un italiano cordial que apenas se instaló para vivir su otra vida, entendió que había llegado al lugar preciso para quedarse y para pensar.

Inmediatamente sorteó los recelos provincianos y se hizo de amigos. Y no tanto por el carisma innato que escondía detrás de su sonrisa, sino porque dentro de sus maletas traía un tablero de 64 cuadros pintados en blanco y negro y 32 piezas labradas en marfil, que fue el lazo que lo juntó con el pueblo.

Desde entonces los tableros de ajedrez se hicieron conocidos en muchas residencias, y las puertas de las mismas ya no se cerraron con el ocaso aunque el silencio siguió pernoctando detrás de la jugada cumbre en defensa del Rey. En sus inicios el ajedrez fue un juego privado, pero pocos años después se mostró a los ojos de todos cuando los socios del Club Rean, de la Sociedad de Empleados de Comercio y El Dorado comenzaron a jugarlo con las puertas abiertas.

LOS PRIMEROS CAMPEONES

En 1941, con don Enzo Bianchi y el coronel Oscar Bolaños como abanderados de la revolución ajedrecística, comenzaron a jugarse los primeros torneos interclubes. Aquí fueron apareciendo hombres con casta que poco a poco comenzaban a perfilarse como grandes jugadores.

Entre ellos se recuerdan a Donato Pineda, Jaime Soley, Víctor Manuel Andreu, Fidel Chávez, Roberto Angulo, Juan Antonio Salazar y un muchacho brillante que recién llegaba de Guatemala: Benjamín Oliva.

La historia refiere que cuando el coronel Oscar Bolaños llegó al Gobierno como Ministro de Seguridad, el ajedrez tuvo mayor apoyo y comenzó a ganar altura con la llegada de profesores extranjeros. Entre éstos, por el gran desarrollo ajedrecístico cimentado en sus alumnos, se recuerda al maestro español Rafael Saborido.

En 1945, luego de afirmar el juego, El Salvador participó por primera vez en un campeonato centroamericano celebrado en San José. En esa época el área estaba dominada por Costa Rica y Nicaragua, pero los rivales se llevaron un chasco. Los salvadoreños sorprendieron con un juego sólido y arrasaron con el certamen. Donato Pineda, Jaime Soley, Juan Antonio Salazar y Benjamín Oliva fueron los artífices de un triunfo resonante. A partir de entonces, El Salvador marcó la pauta en el ajedrez centroamericano.

Posteriormente al primer triunfo a nivel internacional, el equipo salvadoreño tuvo fogueos que acrecentaron aún más su potencial de juego. Por ejemplo, en 1947 llegó al país el maestro español Arturo Pomar, campeón de España, para medirse con los mejores ases salvadoreños.

Asimismo, un año después, los campeones mundiales Najdorf y Reshevsky, en gira por América, llegaron a El Salvador para ofrecer partidas simultáneas. Durante ese tiempo, El Salvador fue ganando tanta altura que hasta el equipo de Cuba, una potencia en el ajedrez mundial, quiso alternar con los cuscatlecos.

"Nunca se pudo realizar ese encuentro por los problemas políticos que comenzaron a imperar en Cuba", recuerda Benjamín Oliva, un señor de 89 años que en aquella época compartió los títulos nacionales y centroamericanos con jugadores de la talla de Donato Pineda y Juan Serrano.

Benjamín Oliva sobrevive a aquellos pioneros que de la mano de don Enzo Bianchi y del coronel Oscar Bolaños como mecenas inolvidables, sembraron la semilla de un deportes que se metió para siempre en el alma cuscatleca, y que se mantiene hasta ahora con la misma vibración de hace 64 años.

Cuando don benjamín Oliva perdió a sus amigos de juego arrebatados por la muerte, se retiró del ajedrez. Desconoce, por lo tanto, si su ajedrez precursor podría tener cabida en esta época, porque lo único que él sabe es que "hay un Boris Pineda que dicen que juega bien, y que las mujeres han irrumpido.

LOS HEREDEROS DE LA ESTIRPE

Años antes de que mecenas como don Enzo Bianchi y el Coronel Oscar Bolaños se decidieran a buscar un albergue exclusivo para jugar, el ajedrez siguió cobijándose al amparo de la Sociedad de Empleados de Comercio y del Club Rean.

Jugadores como Benjamín Oliva, Jaime Soley, Donato Pineda, Víctor Andreu y otros continuaban siendo las principales atracciones, de manera que las noches de principios de 1950 se llenaban de curiosos para admirar la destreza de los genios.

Entre esos curiosos estaba un muchacho de nombre Benjamín Rojas, quien se había apasionado del juego y lo había convertido en parte de su vida.

En poco tiempo comenzó a identificarse con los consagrados y a alternar con ellos. Le decían "El Niño" por sus escasos años.

Sucede que ese "niño" llamado Benjamín Rojas, en poco tiempo llegó a ser el primero de los herederos de la estirpe genial de los pioneros. Según refiere Rojas, a él le tocó la suerte de conocer a aquellos hombres geniales, de sentarse frente al tablero con ellos para aprender todo lo que guardaban en sus mentes.

CAMADA DE CAMPEONES

"Alguien que me dejó recuerdos imborrables por su capacidad de ajedrecista es el bachiller Juan Antonio Salazar, quien fue campeón nacional y centroamericano al igual que don Mincho Oliva. Yo tuve el orgullo de integrar selecciones nacionales con ellos", nos cuenta.

De 1960 en adelante el ajedrez se fue nutriendo de sangre joven y capaz como para mantener la hegemonía inaugurada por los pioneros. Incluso, en el aspecto de apoyo, había aparecido Alberto Zarzar, un apasionado del ajedrez que puso sus manos y su bolsillo al servicio del deporte. Con él como agregado de Bianchi y Bolaños en la conducción, el Club Salvadoreño de Ajedrez había incrementado sus socios en forma numerosa.

Entre esos nuevos socios se contaban a Juan Serrano Langlois, Antonio González, Recaredo Barahona, Donato Roverso, Fidel Chávez, Helios Quintanilla, Alejandro ¨Caburro¨Alfaro y un cipote de mirada huraña pero genial llamado Atilio Mojica. Estos fueron los otros herederos de toda la savia que regaron los pioneros.

De modo que de 1962 a 1975 el ajedrez salvadoreño no tuvo lagunas entre una y otra generación de jugadores, porque los nuevos tomaron el estandarte de triunfos exactamente en el punto en que los mayores lo dejaron.

"Te cuento que en esa época el ajedrez seguía huérfano de ayuda estatal, pero todos le metíamos el hombro. Cuando viajábamos al extranjero, los que podíamos nos costeábamos el pasaje y estadía, y el que no podía lo ayudaban los que mejor estaban económicamente. En ese sentido Alberto Zarzar fue siempre un hombre de bolsillo abierto", recuerda Benjamín Rojas.

Las notas periodísticas de esa época hablan de la calidad de Antonio González, un hombre que impuso su sello propio ganando certámenes centroamericanos y nacionales. Hablan de Juan Serrano, el jugador que impuso un récord nacional al ganar cinco campeonatos. Hablan de las luchas apasionantes que libraban Helio Quintanilla con Recaredo Barahona o Leonardo Mena, o de los encuentros entre Rojas y Atilio Mojica.

"Atilio era un rival demasiado difícil, porque era tremendamente analítico y combinativo", dice Rojas. Y agrega: "En esos años uno no podía establecer ninguna hegemonía, porque todos eran rivales fuertes. Por ese motivo era raro que uno ganara dos títulos consecutivos, porque si esta vez el campeón era Mojica, en el otro era Quintanilla, Mena, Serrano, yo o cualquiera. Yo fui campeón en 1966 y 1967, como una de las pocas excepciones a la regla".

¿Fueron mejores los de la nueva generación que sus antecesores? ¿Qué hubiera pasado si se enfrentaban Benjamín Oliva y Atilio Mojica? La respuesta de Benjamín Rojas es aplastante: "Eramos mejores. Es que en los albores del ajedrez los libros de consulta eran escasos, y los jugadores no tenían mucho por done evolucionar. En nuestra época ya se habían editado obras más completas, y las bibliotecas se atiborraban con libros de Lasker, Alekhine, etc. Incluso, nosotros estábamos en nuestro apogeo cuando los matches entre Karpov y Fischer que los periódicos de todo el mundo difundían. Entonces teníamos oportunidad de reconstuir las partidas de los grandes maestros y estudiarlas. En suma, era otra época.

LA HEGEMONÍA DE "LOS LIBIOS"

De 1945 a 1974 el ajedrez salvadoreño se había adornado con figuras (...) que habían gobernado el ajedrez centroamericano. Era la época de las vacas gordas, porque el respeto creado a nivel internacional era para vanagloriarse. Dentro de ese clima de superación constante apareció una generación de jovencitos que llevaban el tablero en el alma y todo el garbo altanero para hacerse respetar.

Fueron los herederos perfectos de un linaje de maestros que ya habáin marcado una huella imborrable en la historia ajedrecística. Y llegaron para mandar y para duplicar todo lo alcanzado hasta ese momento.

Fue la aparición instantánea de Salvador Infante, Boris Pineda, Roberto Camacho, Manuel Velásquez y los hermanos Antonio y René Grimaldi, quienes se sentaron frente al tablero para ir desalojando a las viejas glorias y para escribir su propia historia.

"Imaginate, eran tan buenos que en un par de años nos fueron superando y haciéndonos pensar en la retirada. Y eso, considerando que los viejos todavía teníamos cuerda para seguir tirando, como el caso de Atilio Mojica que aún estaba en su apogeo", refiere Benjamín Rojas.

En 1976, estos muchachos integraron la selección nacional que, jefeada por el coronel Adolfo Majano, marcharon a la Contraolimpíada de Libia para barrer con todos y adjudicarse el primer lugar. Era la primera vez que el valor del ajedrez salvadoreño se hacía sentir en un evento de gran nivel.

La historia nos cuenta que lo hecho por Salvador Infante fue grande, y que tanto Boris Pineda como Roberto Camacho y los hermanos Grimaldi lo respaldaron con actuaciones resonantes para que el equipo salvadoreño se adjudicara el primer lugar por equipos.

Los detractores de siempre -para echarle sombra al triunfo- dijeron que los equipos rivales no eran de primer nivel. De todas formas, la conquista lograda pasó a ser el grito permanente de una hazaña que todavía resuena en el ámbito ajedrecístico del mundo.

LLEGARON PARA QUEDARSE

A partir de entonces esos jovencitos fueron reconocidos como "los libios".

Los muchachos altaneros que llegaron al ajedrez para quedarse y para ejercer una hegemonía inacabable, tan campantes que a casi 25 años de la hazaña todavía siguen mandando en el ajedrez nacional.

"Lo de ‘los libios’ no tiene discusión alguna. Hay que quitarse el sombrero ante ellos, por la vigencia de su mandato que han mantenido durante tantos años. Si hacemos cuentas, desde que aparecieron en 1975 hasta la fecha, los títulos nacionales han estado solamente en sus manos. De Boris Pineda a Salvador Infante, de éste a Roberto Camacho, de Camacho a René Grimaldi, de Grimaldi a Pineda, etcétera y etcétera", dice Mincho.

Y es cierto, porque Boris Pineda ha sido campeón durante siete veces. Y aún hoy, cuando el campeón ya frisa más de 40 años de edad, todavía sigue peleando finales. Salvador Infante, su gran aliado, continúa llegando a finales y metido entre los que pelean los títulos.

"Para tratar de desplazar a Boris Pineda del título de campeón, hemos tenido que traer a un cubano", ironoza Benjamín Rojas al referirse a la final del Cameponato Superior que se juega actualmente.

El excampeón Benjamín rojas se deshaces en elogios para "los libios", porque él supo en carne propia de la capacidad de raciocinio de esos hombres cuando los enfrentó en aquella época del arribo desmedido y con fuerza.

"Si me pidieran definir quiénes eran mejores, si "los libios" o nosotros los de antes, me quedaría con los primeros. Es que no te puedes imaginar la manera en que manejaban las variantes, las aperturas y el medio juego. Eran terribles", confiesa Rojas.

Los expertos en ajedrez dicen que si estos hombres no llegaron más lejos, es porque no tuvieron el patrocinio necesario para foguearse con mayor intensidad en el concierto mundial. Muchos son los que lamentan el retiro prematuro de René Grimaldi, Manuel Veásquez y Roberto Camacho, porque todavía estaban en edad de subir más su nivel de juego. Asimismo, lloran el fallecimiento de Antonio Grimaldi, en la flor de su vida.

¿QUÉ TENEMOS AHORA?

Este presente del ajedrez cuenta con muchos rubros a su favor. El presidente de la Federación Salvaodreña de Ajedrez, Pedro Osmín Barrera, ha llegado a ocupar cargos significativos en la Federación Internacional (FIDE), que le abrieron posibilidades al ajedrez nacional como para mostrarse más seguido en eventos internacionales.

Más allá de la tecnología que aporta mucho como guía de consulta, la FSA cuenta con un entrenador permanente que transmite sus conocimientos y a una enorme gama de niños y jóvenes que despuntan como valores a futuro.

Aparte de esto, la irrupción al ajedrez del sexo femenino como novedad, no solamente le ha dado al deporte ciencia el perfume de rosas de que habla don Benjamín Oliva, sino también un filón de oro para sumar triunfos en el tinglado internacional.

La aparición de jugadoras como las hermanas Sonia y Lorena Zepeda, Brenda Guerrero, Lorena Osorio, Tahnya Pastor y una niña genial de nombre Nayda Avalos, le permitieron a la FSA conseguir muchos logros. Por ejemplo (...) Lorena Zepeda consiguió un título de maestra internacional. Asimismo, Lorena Osorio, Tahnya pastor y Nayda Avalos poseen títulos FIDE y son respetadas en Centroamérica.

En cuanto a los varones, los hermanos Héctor y Ricardo Chávez y David Blanco son los que más prometen, porque tienen una edad propicia para cimentar sus conocimientos. Detrás de ellos hay una camada de niñso que viene pujando fuerte, tales como Luis Liévano, Javier Segura y Osmín Estrada.

En este sentido ayudan mucho las sesiones de trabajo intenso que despliega el entrenador cubano Héctor Leyva Paneque, más las contribuciones de sabiduría que regalan hombres como Salvador Manzur, Erick Hernández y el maestro Murillo. Ellos son los que han sembrado una simiente que pugna por abrir un camino promisorio.

¿SUPERACIÓN?

En el pensamiento de Benjamín Rojas se traduce una respuesta negativa que se funda en el hecho de que, a casi 25 años de la aparición de "los libios", éstos siguen ganando los títulos. Para Rojas, la generación nueva que componen Porfirio Zelaya, Marvin Guevara, Max Merino, Remberto Gutiérrez y Carlos Burgos -para citar a algunos- no labraron la suficiente capacidad para destronar a los "viejos".

(...)

El excampeón afirma que si hay indicios de una superación en el ajedrez nacional, habrá que esperarla en la transformación que logren los jovencitos que despuntan como genios. Admite que la llegada de las hembras ha sido la base de sustentación para poder hablar de logros.

"Esas cipotas sí son un prodigio, porque las he viso medirse con los hombres in achicarse", dice.

Al margen de todo, el contacto conseguido a través de reiterados eventos internacionales en donde El Salvador ha sido sede, o la presencia en Olimpíadas celebradas en Europa, admiten asegurar que la plataforma de despegue está construida, y que solamente falta esperar que jugadores como los Chávez, Blanco, los Segura y los Liévano, se metan por el camino de los triunfos.

Esta hornada de muchachos, hembras y varones, ya probó de lo que son capaces en el último evento del CODICADER, cuando Vanessa Batres, Lorena Osorio, Nayda Avalos y las hermanas Zepeda barrieron con las medallas de oro en Panamá; y el equipo de varones formado por Ricardo Chávez, Luis Liévano, David Blanco, Javier Segura y Osmín Estrada se trajo la plata.

"El ajedrez es un deporte de sacrificio y de estudio constante, y mientras no entendamos ese concepto no vamos a prosperar. Sin embargo, mantengo mi fe en los niños que recién empiezan a jugarlo, porque podemos moldearlos en esa responsabilidad", afirma el entrenador Leyva Paneque.

El presidente Pedro Barrera también considera que ahora hay más jugadores de buen nivel que antes, que entre ellos hay muchos que son adolescentes, y que solamente hay que esperar que consigan esa madurez que está a la vuelta.

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